sábado, 10 de junio de 2017

¿Puede dañar a mis oídos llevar auriculares todo el día?

En el trabajo, en casa, mientras caminamos o hacemos ejercicio… Los auriculares se han convertido en un complemento imprescindible, casi una prolongación de nuestras orejas. Gracias a ellos hemos logramos una relación más íntima con la música, pero seguro que alguna vez después de una sesión maratonianana con los auriculares pegados a tus orejas te has preguntado si estabas haciendo algo mal para tu salud auditiva.
Ponemos todo este temor en manos del otorrinolaringólogo Gonzalo Martínez-Monche para que aclare las dudas: “Si no controlamos ni mantenemos unos niveles de volumen aceptables existe la posibilidad de sufrir un trauma acústico. Se trata de una lesión en los mecanismos auditivos del oído interno debido a la exposición a un ruido muy fuerte”.
La Organización Mundial de la Salud (OMS) advierte que 1.100 millones de jóvenes de todo el mundo están en riesgo de perder audición debido a la exposición a los ruidos del entorno. Además, en un informe publicado en 2015, la organización estima que un 50% de personas entre 12 y 35 años corre este riesgo por el uso de MP3 y smartphones.
De hecho, los médicos manejan un nombre fatídico para esa franja de edad: la generación sorda (o generación MP3). Son quienes empezaron con el discman, siguieron con el walkman, se pasaron al iPod y terminaron con el smartphone. Son, en definitiva, aquellos que encuentran placer en unos auriculares abrasándoles los tímpanos a jornada completa.
Como jamás renunciarán a su música, ¿existe alguna fórmula para saber si la llevan demasiado alta? “A partir de los 75 dB creemos que es un nivel alto de ruido, la sensación es molesta. Por ejemplo, el tráfico intenso en una ciudad es un ruido perjudicial y se aproxima a los 90 decibelios. Otro claro ejemplo de ruido excesivo es el de una sirena de ambulancia o de policía”, explica Martínez-Monche, que fija el tope admisible en el volumen elevado de una televisión.
Para ayudarnos a evitar un futuro silente, el especialista destaca tres precauciones que convendría tomar: “Ajustarse al limitador de volumen que lleva cualquier dispositivo de sonido, utilizar auriculares de buena calidad para no tener que escuchar música muy alta, y limitar las horas de exposición a sonidos intensos. Debemos aprender a desconectar”.
Desconectar. Y da igual la edad o el dispositivo, siempre hay que descansar. Según Martínez-Monche poco importa si nos exponemos de niños o adultos, o si lo hacemos mediante auriculares cerrados o de botón; lo fundamental es el volumen que nos golpea por dentro y que, a la larga, debilita nuestra comunicación.
Aún así, no todo estaría perdido: “Existen distintos tipos de tratamientos que se distinguen por la localización del daño. Hay algunos que tienen cura quirúrgica y otros que tiene cura médica  por medio de fármacos o terapias como la electroestimulación”.
Sin embargo, más allá de los riesgos que señalaba la OMS, en condiciones normales no hay por qué ser derrotistas. Si tenemos pérdida auditiva -por leve que sea- nos daremos cuenta enseguida”, apunta el doctor Martínez-Monche contrarrestando posibles hipocondrías. "Simplemente debemos estar atentos a las siguientes señales: 
- Tenemos dificultades para entender una conversación cuando hablan varias personas a la vez, o no oímos sonidos suaves como un timbre, voces bajas, un teléfono, etc.
 - Pedimos frecuentemente que nos repitan las cosas, o confundimos palabras similares. También si subimos cada vez más el volumen de la televisión para oirla con claridad.
- Sentimos una presión en el oído e incluso llegamos a tener sensación de mareo o desquilibrio.
En cualquiera de estos tres supuestos deberíamos acudir al especialista, porque entonces sí es posible que lo de utilizar auriculares se nos haya ido de las manos.